Colima, Col. 11 de mayo de 2006. La Verdad. El próximo domingo 21, se cumplirán seis años de la canonización de 27 mexicanos, 25 de ellos Mártires de la persecución religiosa, en ceremonia que presidió, en la Plaza de San Pedro, el Papa Juan Pablo II, ante una multitud de mexicanos que hicieron viaje especial para este acontecimiento.
Entre el grupo de esos mártires mexicanos elevados a los altares, se encontraba el padre Miguel de la Mora, nativo de la parroquia de Tecalitlán (19.06.1874) y miembro del presbiterio de nuestra Diócesis (1906). En 1912 fue capellán de l iglesia Catedral; en 1914 desempeñó el ministerio en Zapotitlán, Jal., como párroco. En el año de 1918 regresó de nuevo al servicio de la iglesia Catedral, fue Director Diocesano de la Obra de la Propagación de la fe y Director espiritual del Colegio de niñas “La Paz”.
Al desatarse la persecución callista, por medio de una ley expedida el 14 de junio de 1926, los Obispos mexicanos ordenaron la suspensión del culto público a partir del 1º de agosto de ese año. Días después, el domingo 7 de agosto, el padre Miguel fue denunciado y tomado preso y conducido a la cárcel. El general Ignacio Flores ordenó su inmediato fusilamiento. Al darse cuenta el padre Miguel de esta orden, sin altercados, ni protestas, en silencio, sacó su rosario del bolsillo y empezó a rezar calladamente, llegando al lugar de la ejecución, sacó el crucifijo, lo besó, diciendo a los soldados que los perdonaba y los bendijo. Vino enseguida la descarga que le abrió las puertas del cielo llegando a él con la palma del martirio.
Desde esa fecha de su martirio los fieles comenzaron a reconocer sus virtudes cristianas y a propagar la idea de que era un “santo” y a visitar sus restos depositados, tiempo más tarde, en la cripta de la iglesia Catedral. Actualmente se le venera en una capilla de la iglesia Catedral, a donde acuden muchos devotos reconociendo su intercesión y dando gracias por algún favor recibido.
Los días siete de cada mes, se expone su imagen en el presbiterio y se ofrece la Misa en su memoria litúrgica. Cabe señalar que en estos seis años se ha difundido su devoción, por medio de estampitas, imágenes de bulto y folletos con su vida, pero todavía falta que “cale” en el corazón de los fieles una devoción más nutrida.