
"También los obispos, puestos por el Espíritu Santo, suceden a los Apóstoles como pastores de las almas. Junto con el Sumo Pontifice y bajo su autoridad, han sido enviados para perpetuar la obra de Cristo, Pastor eterno".
(Decreto Cristus Dominus no. 2)
"Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor, al que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación".
(Constitución Lumen gentium no.24)